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América Latina y el Caribe vivieron un 2024 marcado por eventos climáticos extremos. Según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el año pasado fue uno de los más calurosos jamás registrados, con una temperatura media 0.9 °C por encima del promedio entre 1991 y 2020.
El calentamiento global impulsó huracanes intensos, sequías prolongadas e inundaciones catastróficas, generando impactos devastadores en comunidades y ecosistemas. Además, los glaciares de la región siguen desapareciendo, y Venezuela se convirtió en el segundo país en perder todos sus glaciares, con la desaparición del Humboldt.
A pesar del panorama crítico, el informe de la OMM resalta un crecimiento del 30% en la generación de energías renovables, principalmente solar y eólica, lo que ofrece esperanza en la lucha contra el cambio climático.